CINE CRÍTICAS

CRÍTICA| La Naranja Mecánica

La Naranja Mecánica es sin duda un clásico del cine. A todos aquellos que aún no la hayáis visto, os recomendamos que sin duda lo hagáis, porque no os va a dejar indiferentes.

Esta película, cuyo título original es Clockwork Orange, está dirigida por el fantástico Stanley Kubrick, considerado uno de los cineastas más influyentes del siglo XX. Se estrenó el 16 de junio de 1975 en España y en 1971 en EEUU, donde causó todo un revuelo debido a su contenido. Contenía escenas de violencia demasiado explícita (hay que tener en cuenta la época, actualmente estamos preparados para esto y mucho más), y fue censurada por ello. Dos años más tarde (1973) se volvió a estrenar en el país después de que el director cortara algunas escenas.

La película se desarrolla en la ciudad de Londres, en el año 1995, un futuro totalmente distópico, teniendo también en cuenta que se rodó 30 años antes del tiempo fílmico que se quería representar.

Narra la historia de un personaje totalmente excéntrico, autoritario, y fuera de lo normal, que es el líder de una banda juvenil violenta, que se dedica a pegar palizas, meterse en problemas, violar a mujeres y robar, por mencionar algunas de sus acciones diarias.

Destaca sobre todo la evolución del personaje principal, Alex DeLarge, que en el comienzo es una persona totalmente violenta, fuera de sí, su vida está descarriada y sus principales aficiones son el sexo y la violencia extrema. Será condenado a prisión por sus actos y delitos, y tras ser liberado aceptará someterse a un duro tratamiento psiquiátrico, el tratamiento Ludovico, con el fin de reducir su condena y cambiar su conducta.

El tratamiento muestra a Alex sometido a un chaleco de fuerza que le inmoviliza, mientras unas pinzas mantienen sus ojos abiertos y le impiden cerrarlos, obligándole así a ver imágenes de violencia extrema. El objetivo es hacerle sentir culpable, y conseguir que aflore en él el sentimiento de culpa y arrepentimiento.

Alex DeLarge sometido al tratamiento Ludovico

Finalmente, tras una larga recuperación, fruto de la dureza del tratamiento, Alex parece que está totalmente recuperado. Su instinto violento ha desaparecido y ya es un joven integrado en la sociedad. O eso es lo que quiere hacer ver.

La Naranja Mecánica está basada en la novela con el mismo título, del escritor británico Anthony Burgess, publicada en 1962. Quien se haya leído este libro sabe que es complicado de seguir. Las palabras que utiliza el autor forman parte de una jerga ficticia adolescente, por ello el libro lleva incluido un pequeño “diccionario” donde explica el significado de cada palabra inventada por el propio escritor. Utilizó esta técnica porque quería que el libro no se viese influido por el paso del tiempo, que fuese un vocabulario atemporal, no de la época.

Actualmente es considerada una película de culto no solo por la imagen, que es muy impactante, si no también por como esta casa perfectamente con la música, la fotografía, los diálogos, incluso los colores y el espacio elegidos.

Sin duda muy recomendada si os gustan las películas de ciencia ficción un tanto satíricas, que os hagan pensar y que os dejen con un sabor amargo al terminarlas.

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